La Unión Ibérica de España y Portugal con Felipe II

Después de la muerte de Sebastián I de Portugal, en 1578 en la batalla de Alcazarquivir, sin descendencia, aunque había siete candidatos a sucederle de la misma dinastía, le sucedió en el momento de fallecer, su tío Enrique I el Casto, Cardenal eclesiástico, pero moriría dos años más tarde sin descendencia también. Durante un tiempo se sucedieron distintos regentes que gobernaron el país hasta que se solucionara el problema de la sucesión. Los siete candidatos fueron Ranucio I de Farnesio (hijo de la primogénita de Eduardo de Portugal, el hijo menor de Manuel I), Catalina (duquesa de Braganza, Felipe II de España (hijo de Isabel de Portugal, hija mayor de Manuel I), María de Habsburgo (emperatriz del Sacro Imperio), Manuel Filiberto de Saboya (hijo de Beatriz de Portugal), Juan I (duque de Braganza) y Antonio Prior de Crato (nieto de Manuel I). Finalmente, y no sin conflictos, rebeliones y disputas varias, Felipe II de España ganó la partida al resto de postulantes en las Cortes de Tomar en 1581 y es coronado como Felipe I de Portugal. Pero antes de proclamarse rey, tuvo que invadir el estado vecino de Portugal por Elvas con 35.000 hombres. A la vez, en Cádiz, la flota española que se componía de sesenta y cuatro galeras, veintiuna naos y nueve fragatas se dispuso a subir por el océano Atlántico hasta Lisboa para apoyar a las tropas terrestres. La nobleza portuguesa, así como muchos de los grandes mercaderes y comerciantes en un principio optaron por apoyar la monarquía de Felipe I al creerse ayudados por la parte política sí, pero sobre todo por la parte comercial. Esto se llevó a buen puerto cuando Felipe I creó el Consejo de Portugal y canceló todos los aranceles y aduanas que había con Castilla, abaratando los productos y permitiendo una mayor comercialización por todo el territorio luso-español. También mantuvo los fueros y costumbres y privilegios de los portugueses, los cargos de los funcionarios de la administración (solamente había un gobernador haciendo las veces de virrey) y se comprometió a mantener las tropas que se encontraban en los territorios del imperio portugués. Esta Unión Ibérica supuso que, con el vasto territorio asiático, africano y americano dominado por los portugueses, se dijera que en la monarquía española no se ponía nunca el sol. La Unión Ibérica duró hasta 1668 después de que Felipe IV, sucesor de Felipe III comenzara a hacer cambios, reduciendo los privilegios de la nobleza portuguesa, centralizando más el poder y a subir los impuestos para sufragar la crisis económica del Imperio. El Tratado de Lisboa de 1668 firmado por Alfonso VI de Portugal y por Carlos II de España, puso fin a la Unión Ibérica de España y Portugal.

Raúl Sánchez Espinosa

Fuentes:

Danvila, Alfonso. 1956. Felipe Ii Y La Sucesión De Portugal. Madrid: Espasa-Calpe.

Fernández Álvarez Manuel. 1998. Felipe Ii Y Su Tiempo. 2ª. Espasa Forum. Madrid: Espasa Calpe.

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