Los Tercios de Infantería en la Edad Moderna y en El Alcalde de Zalamea

El Estado moderno se fue afianzando en la Edad Moderna a través de las innumerables guerras que se produjeron. Los ejércitos se fueron modernizando desapareciendo la idea del caballero, a caballo, y afianzándose más la del peón de a pie, la infantería. Esta infantería no saldría de la burguesía ni del campesinado, sino que saldrían de los estratos más bajos de la sociedad. Erasmo de Rotterdam consideró a los soldados profesionales europeos nacidos en la Edad Moderna como la hez de la sociedad. Estos se habían alistado para huir de la justicia, conseguir riquezas sin importar el cómo la conseguían, así como escapar del pulso fiscal que les tenían sometidos los príncipes. En España se dio un caso particular. Los mercenarios de la época eran mayoritariamente villanos urbanos o campesinos, pero no solo buscaban riquezas, sino que también anhelaban un ascenso en la escala social. Había muchos hidalgos y segundones de las casas más nobles del momento y que no consideraban negativo el luchar a pie y sin montura. Se era soldado para aumentar la honra y la hacienda. Está claro que no todos eran virtud de honradez y caballerosidad, hubo como en todos los lugares vicios, crueldades, deserciones…

Al llegar a la monarquía Felipe II ser bueno y honrado para proporcionarse la idea de ascenso en la escala social se va perdiendo progresivamente. Pero fueran honrados o pícaros, lo que está claro es que este tipo de soldadesca nutrió los Tercios de Infantería Española durante toda la Edad Moderna. Unos llegaron por el ideal caballeresco, otros salir de la pobreza, otros anhelando libertad, otros atraídos por las aventuras de los veteranos y cómo no, otros huyendo de la justicia.

Este tipo de soldadesca pícara y también de deshonra puede observarse e la obra de Calderón, El Alcalde de Zalamea, donde un capitán de los Tercios, Don Álvaro de Ataide, un soldado, Rebolledo, y el general de los Tercios, Don Lope de Figueroa, tienen entre todos ellos las características descritas anteriormente. Don Álvaro quería por los medios que fueran necesarios a la hija de Pedro Crespo, el villano de Zalamea donde se hospeda el capitán, por lo tanto, la secuestra y la viola. Esto tiene poco de honroso para ese ideal de caballero y de ascenso social descrito; y Rebolledo, un soldado pícaro, que hace todo lo que le dice su capitán, cubrir, amañar, conspirar, para conseguir que Isabel, la hija de Pedro Crespo, sea de su capitán. Sin embargo, aunque con distintos conflictos con Pedro Crespo, Don Lope, el general, sí muestra algo más de templanza noble, más honra, más caballerosidad, aunque defienda siempre al ejército en contra de la justicia civil.

La figura del Rey Felipe II, apareciendo en el momento oportuno en su camino a Portugal es providencial. No tanto para salvar a Don Álvaro, que había sido condenado a garrote por Pedro Crespo, recién nombrado Alcalde de Zalamea, y que desde su nuevo cargo hace justicia a la violación de su hija. Afirma que hubiera sido la misma sentencia si se le hubiera hecho por parte de un tribunal militar. Como indicaba, Felipe II aparece no tanto para salvar a Don Álvaro, ya había sido ajusticiado, sino para validar la decisión tomada por Pedro Crespo. Hace resaltar el valor de la justicia bien aplicada, aunque hubiera sido a un soldado de alto rango del rey y para validar este hecho, le nombra Alcalde de Zalamea de manera permanente.

Raúl Sánchez Espinosa
Fuente: Jornadas de Historia Militar (4. 1997. Madrid), España. Ministerio de Defensa. Secretaría General Técnica, and Centro Superior de Estudios de la Defensa Nacional (España). 1997. El Ejército Y La Armada De Felipe Ii Ante El Iv Centenario De Su Muerte. Monografías Del Ceseden, 22. Madrid: Ministerio de Defensa, Secretaría General Técnica.

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