El refranero de la mujer en la Edad Moderna

Conocer el refranero castellano de la Edad Moderna nos puede ayudar a conocer las creencias compartidas con respecto al lenguaje de la mujer. Esto nos puede ayudar a complementar las ideas sobre el uso femenino del lenguaje que encontramos en otros textos de la modernidad sobre todo de la literatura moralista y preceptista que se escribe a partir del Concilio de Trento. Estas ideas a las que hacen referencia son sobre todo críticas y advertencias acerca del peligro que conllevan, para ella y para la sociedad, la facilidad de habla y los tipos de discursos que le son característicos a las mujeres. Los humanistas vuelven su mirada a la tradición del refranero y el proverbio cuya sabiduría popular se constituye como una seña de identidad de la cultura lingüística española de la Edad Moderna. Por lo tanto veremos a través de los proverbios y refranes que de verdad y de mentira hay en ese ideario que había sobre el lenguaje de la mujer.

Los textos bíblicos de la época fomentan que el uso de la palabra se haga de una forma serena, reflexiva y cauta. Como los sabios, el hablar es algo que se ha de hacer solo cuando se debe, si no, hay que disfrutar de la calma del silencio. En la vida comunitaria de las órdenes religiosas, el silencio suponía un acercamiento a lo divino. Pero este silencio es bien diferente cuando se refiere a la mujer. Un tratado muy importante en la Edad Moderna fue el de Juan Luís Vives Instrucción de la mujer cristiana. El libro fue escrito pensando en la educación de mujeres vírgenes, casadas y viudas, en el que da consejos relacionados con su habla. Vives comienza su libro citando al apóstol Pablo en las que comenta que el silencia para la mujer es una virtud necesaria. Acude a la ley divina para que la mujer calle en la iglesia y en la transgresión de Eva para afirmar que la mujer debe de callar ante el varón. 

Pero los humanistas también se dejaron influir por autores clásicos griegos y latinos como Plutarco, Aristóteles, Eurípides, Virgilio, Pontano, que decían que el silencio de la mujer es: “sabiduría propia”, “es muy honroso”, “es una cosa hermosísima en ella” o “es propio de las mujeres honestas”. Pero lo que subyace tras estos comentarios es la idea de que la rango de acción de la mujer ha de estar sometido a los parámetros de dependencia y sometimiento de las estructuras socioeconómicas, políticas y religiosas de la Edad Moderna. Cuando se manda callar a la mujer no es para que demuestre su sabiduría sino para que ponga freno a una acción verbal que se tiene como excesiva. Controlar su habla es controlar su presencia en la esfera pública, y esto es lo que hace que se tambaleen los cimientos patriarcales de la sociedad moderna.

En resumen, a la mujer no se la aconseja pensar antes de hablar, sino que se la manda callar directamente, y esto es debido a dos razones: la primera es evidenciar la diferencia entre hombres y mujeres donde el hombre estaría por encima de la mujer y al mismo tiempo no permitirla que pueda pensar por sí misma para no cuestionar el statu quo de una sociedad patriarcal y misógina. La buena mujer es la permanece callada y así nos lo hacen ver los refranes de la época: La mujer lista y callada, de todos es alabada. Las buenas, callan; y las malas, parlan. La mujer buena calla y la mala habla. La nuez y la mujer, la que calla es buena. Aquella es buena, que no suena.   

Alumno: Germán Rodrigo Castilla

Bibliografía: Mendieta Eva. El refranero y el lenguaje de la mujer en la Edad Moderna Española. Paremia, 25. 2016. Pp 123-133.

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