Los tercios siguen en Zalamea.

Los tercios en Zalamea.

Como ya advertimos en esta revista, los tercios, ejércitos de mercenarios y en parte extranjeros, han ido cometiendo abusos sobre la población civil indefensa, y en nuestro amado pueblo no iba a ser menos. Apoyados en la fuerza de sus armas, los soldados rasos y también algunos mandos han obligado a los vecinos de otras localidades que les alojaban a pagarles una cantidad extra a la establecida por las ordenanzas militares, otros han robado el grano y el ganado necesarios para la supervivencia, asesinando incluso a los vecinos que intentaban oponérseles.

Esta situación se vuelve aún más insostenible. Otro de los grandes problemas de los súbditos extremeños es el de las continuas levas que se hacen en los pueblos para mantener el número de soldados exigidos por los altos cargos militares. Estas levas provocan tanto muertes directas en el conflicto como disminuciones demográficas causadas por las deserciones porque muchas veces no regresan a casa.

Las repercusiones de estas perdidas poblacionales van más allá de los hombres muertos o desplazados. Las levas dejan sin mano de obra a los pueblos, esto hace que las economías locales sufran una grave mengua, además de disminuir le número de matrimonios y por tanto, la natalidad desciende. Nos dejan sin presente y sin futuro.

La reacción de la sociedad ante este cúmulo de infortunios va a ser complejo, por un lado, supondrá un reforzamiento del orden social y en otros un cambio en dicho orden. Frente a los abusos o la presencia del ejercito y sus gastos, las poblaciones locales y sus autoridades van a actuar de diferentes maneras. Pueblos vecinos se están oponiendo de manera activa a la presencia militar y los atropellos cometidos por los soldados, sólo pretenden una solución a la situación de presión en la que viven.

Como bien es sabido vivimos en una época caracterizada por la violencia, por lo que la presencia de estos soldados empeora aún más la situación. También es verdad que hay que confiar en la represión ejercida por las autoridades militares contra los soldados más rebeldes o proclives a los abusos contra la sociedad civil. Los jefes del ejército, a pesar de su incompetencia y corrupción, son conscientes de que deben mantener la paz social en los pueblos por los que pasan para que así colaboren de mejor gana con el mantenimiento de las tropas.

Les recordamos a las autoridades desde esta humilde revista que hay otra manera de resistencia, la institucional, formulando quejas a las autoridades locales o al rey en forma de acuerdos de consejos, poderes o memoriales, para poner en su conocimiento la presión ejercida por las tropas a los súbditos y las economías locales. Deberíamos pedir una exención o quizás un aminoramiento del servicio de la regalía de aposento.

Como es muy difícil que se libere a nuestro pueblo del servicio de alojar a las tropas, puesto que ya están aquí, quizás sería mas beneficioso para nosotros pedir una exención de impuestos debido a los alojamientos forzosos sufridos, se podría solicitar una gracia o merced real, o también podría conseguir el señor regidor un convenio con la autoridad militar a cambio de dinero.  

Si hablamos de la regalía de aposento en esta revista no podemos dejar pasar la oportunidad de recordar que hay exenciones que algunos individuos poseen en virtud de la pertenencia a un grupo social; el de la nobleza y el estado eclesiástico, seguro que nuestro muy apreciado hidalgo de Zalamea y nuestro muy amado cura podrán dormir y comer tranquilos estos días porque están exentos de dar alojamiento a los soldados.

En una exclusiva entrevista al criado del hidalgo de Zalamea, Nuño nos ha confesado que la verdadera razón por la que no hospedan a los miembros del ejercito en las casas de los hidalgos es “porque no mueran de hambre”. En cambio, don Medo hace referencia al porqué de su privilegio de no tener que hospedar a ningún soldado haciendo referencia a su linaje: “en buen descanso esté el alma de mi buen señor y padre, pues en fin me dejó una ejecutoria tan grande, pintada de oro y azul, exención de mi linaje”. Eso si don Medo no tiene nada que agradecerle a su padre porque según nos cuenta “yo no me dejara engendrar, aunque él porfiase, sino fuera de un hidalgo, en el vientre de mi madre”. Como don Medo es hidalgo desde antes de nacer tiene el privilegio de no aguantar las tropelías de las tropas que dicen defender el nombre de nuestro buen rey.

Don Medo y su criado, Nuño.

En cambio, tenemos la suerte de tener en nuestro humilde pueblo al más honorable de los villanos, don Crespo. Es un villano que al recibir la noticia de que tendría que alojar en su casa a un capitán lo primero que dijo fue “que para servir al Rey, y al Rey en sus capitanes, están mi casa y mi hacienda”. Don Crespo es un villano que ha sabido ganarse bien la vida y ahora vive holgadamente pero aun así rehúsa la posibilidad de comprarse un título acorde con su riqueza porque para él es más importante la honra y esta no se puede comprar. Aunque don Crespo está encantado de servir al rey que Dios mil años guarde, está preocupado porque tengan que estar bajo el mismo techo su hija y su sobrina y el capitán don Álvaro.

Biografía:

  • García Barriga, Felicísimo. (2008) Sociedad y Conflicto bélico en la Edad Moderna: Extremadura ante la guerra con Portugal (1640-1668), Revista de Historia, Universidad de Extremadura, Vol. 21, 29-47.

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