En la obra teatral barroca de El alcalde de Zalamea se puede observar de una forma más personal y concreta con el personaje de Isabel, cómo la honra de las mujeres era mancillada en infinidad de ocasiones sin que la justicia sentenciara una condena ejemplar a los culpables.
En este pequeño post vamos a mostrar de una forma sucinta la situación de desigualdad de género y de clase de las mujeres con respecto a los hombres en la Edad Moderna. La mentalidad de la época moderna era bastante misógina y heteropatriarcal en una sociedad que era muy jerarquizada y estamental, lo que conllevaba a ser también muy desigual. Esta manera de pensar tan conservadora tiene su raíz en la contrarreforma católica acontecida entre los años 1545 y 1563, en la que la Iglesia se preocupó mucho por las cuestiones de moralidad y sexualidad.
Pero a parte de esto, hay una cuestión historiográfica muy importante en la sociedad castellana del Antiguo Régimen, esa es la cuestión del “honor”. Este concepto, honor/honra, se relacionaba con la reputación de los individuos que eran concebidos dentro de un colectivo y no ha título individual. Así, en el honor de un miembro de la familia ya fuera hombre o mujer, se incluía la reputación de toda la familia entera.
En el caso de la mujer, las cuestiones del honor se relacionan casi en su totalidad con la sexualidad, es decir, a cómo se relacionaba con los hombres y sus comportamientos sexuales. De esta manera, se produce una dominación patriarcal del hombre sobre la mujer. En los últimos años la historiografía viene haciendo una distinción entre honor y honra, en los que entraría una distinción material además de la cultural. Para José Antonio Maravall el honor era un código de conducta relacionado con cada persona en función de su estamento debido al rango, apellido o dignidad. Por otro lado estaría la honra relacionada con la opinión, la reputación o la fama de cada persona y fue algo reclamado por personas de todos los estamentos.
Por lo tanto la “moral del honor” conformaba un pensamiento de la defensa del poder de unos grupos sobre otros. Esta forma de control físico de la sucesión filial, ponía en juego el régimen de organización y transmisión de poder en la sociedad moderna, lo que conllevaba a una importancia de la honra femenina en las estrategias matrimoniales. Una cuestión que fue practicada por las elites sociales en gran medida. Hoy en día la historiografía está teniendo una visión sobre este tema más en clave de género que de diferencias sociales o estamentales.
En cuanto al cuerpo femenino se produjo una “mercantilización” en la época moderna, especialmente para las elites económicas y políticas quienes utilizan el juego de las alianzas matrimoniales en su beneficio, aunque también para las clases subalternas. La cuestión de la honra relegaba a las mujeres y su deseo, a un sujeto meramente pasivo. Más allá de la castidad/virginidad, la sociedad moderna solo dejó espacio a la mujer en el matrimonio y su papel de esposa, o en el de la deshonra, al que se unía una marginalidad en el caso de producirse en mujeres de clases subalternas o con el servicio de la prostitución.
En los delitos de amancebamiento esta cuestión se veía reflejada de una forma más evidente. Las mujeres que vivieron con hombres sin casarse eran normalmente mujeres pobres y con muy pocas posibilidades de conseguir un matrimonio ventajoso, y lo hicieron porque éstos las mantenían o porque se hicieron cargo de sus hijos. En el caso de Isabel en El alcalde de Zalamea, ella fue deshonrada por el capitán Álvaro Ataide y su padre, don Pedro Crespo, se toma la justicia por su mano acabando con la vida del capitán una vez que es elegido alcalde. Una situación ficticia que nos relata Calderón de la Barca pero que seguramente sufrieron muchas mujeres españolas a lo largo de la modernidad.
Otro ejemplo de deshonra sería el recogido por Gustavo Hernández Sánchez de un pleito entre un estudiante contra Catalina Muñoz sobre el cumplimiento de la palabra de matrimonio, en el que el estudiante trataba de desacreditarla acusándola de estar amancebada con un clérigo. En el juicio se recogieron acusaciones como “mujer fácil” y “de mala reputación”, acusaciones que se utilizaban para desacreditar a las mujeres aparte de hacerlas pasar por una segunda vergüenza, ya que estos pleitos se hacían públicos por considerarse deshonrosos, incluso aunque hubiera sido la familia de ella la denunciante.
Pero lo curioso de esto, es que la recuperación de la honra podía restablecerse a través de una condena y de una compensación económica, penalización monetaria por la cual se produjeron la gran mayoría de denuncias. Esto nos demuestra que las cuestiones del honor femenino fueron motivos de clase social fundamentalmente. Este hecho a provocado que se llegue a realizar el análisis a esta cuestión de la honra/honor desde una perspectiva feminista y de género, así como desde un punto de vista del materialismo histórico con más importancia en las clases sociales. Pero el tema que nos atañe es el papel de la mujer en el Antiguo Régimen y ciertamente podemos afirmar que ha estado olvidada y subordinada al hombre, ya sea entre las elites como moneda de cambio en las estrategias matrimoniales para el fortalecimiento de los linajes, o en el de las clases subalternas -sobre todo en el servicio doméstico- encontrando cabida bajo algún pater familias que la protegiese económicamente.
Bibliografía
Hernández Sánchez Gustavo. Clase, género y redes sociales. Relaciones de poder en la temprana Edad Moderna: una revisión crítica. Tiempos Modernos. Nº 34. 2017. pag 295-314.